Asertividad y las mujeres

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Asertividad y las mujeres

Reflexiones en el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer

En el marco del día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, observamos en diversos ámbitos violencias que prevalecen hacia las mujeres. Uno de los escenarios donde se vive de forma directa y frecuente es el ámbito privado. En México se han observado casos de violencia que se hacen más visibles gracias a las manifestaciones públicas, a boletines de búsqueda y a noticias que circulan en medios impresos y digitales.

En el ámbito privado se observan residuos del machismo que para algunos suena a algo lejano en cuanto a la temporalidad. Si bien han cambiado varias cosas gracias a la educación y a los cambios sociales, hay una realidad claramente visible: la violencia sigue existiendo, influenciada aún por gurús en medios digitales y hombres que siguen reproduciendo ideales donde el varón es dominante.

Esta influencia impacta en las relaciones entre hombres y mujeres. La violencia, como es conocida, genera daños en la autoestima de las mujeres. Definida como la capacidad de autoevaluación y autoconocimiento de las habilidades y características, da pie a la seguridad que cada ser humano proyecta y, por ende, permite mayor eficacia al comunicar sentimientos, necesidades, manifestar una negativa, rechazar peticiones o mostrar afecto; habilidades propias de la asertividad.

Si bien una autoestima sana en las mujeres ha llevado a algunas a tener independencia y desarrollar habilidades efectivas de comunicación, aún se ven mujeres que callan, aguantan y viven situaciones donde su salud mental se ve amenazada, con gran influencia de la cultura.

Influencia cultural y social en la pasividad de las mujeres

En nuestra cultura el machismo ha llevado a las mujeres a buscar la aprobación de sus parejas para tomar decisiones. En ocasiones, en situaciones cotidianas como negarse a comprar algún objeto o decidir algo simple, escuchamos frases como: “déjelo checo con mi marido”, cuando decir que “no” es una respuesta asertiva.

En otros escenarios, la pasividad es reforzada mediante frases que castigan el desacuerdo, como: “calladita te ves más bonita”.

Si bien las narrativas son importantes para reforzar o no el comportamiento de las mujeres, también la respuesta de las autoridades cuando una mujer decide alzar la voz puede castigarla y hacer desistir a muchas. Es el llamado “carpetazo”.

De igual manera, hablar del consentimiento genera confusión para algunos. Se define como la respuesta “sí” ante ciertas peticiones; sin embargo, en ocasiones el consentimiento no es legítimo cuando se acepta por complacer a otros, por presión, manipulación o por delegar las responsabilidades sobre los demás. Situaciones que llevan a la vivencia de la violencia y, en algunos casos, a su normalización.

La pasivo-agresividad como violencia psicológica

Otra forma de comunicar en ocasiones es sin palabras: la ley del hielo o la manipulación. Estas son violencias invisibilizadas que pueden convertirse en la entrada al debilitamiento de la autoestima de quien las sufre, funcionando como un caballo de Troya hacia violencias más claras como la violencia sexual o la violencia física.

Conseguir un “sí” cuando en realidad es un “no” es una forma de violentar la voluntad del otro. Aquí es donde muchas veces aparece el silencio: callar “para no molestar”, para evitar una violencia que parece inminente y que refuerza este ciclo de violencia al que Leonor Walker hizo referencia en su momento.

La agresividad como última respuesta

En los últimos años se han observado manifestaciones de mujeres mediante actos de vandalismo en nombre de las mujeres maltratadas, desaparecidas, abusadas o violadas. Estas manifestaciones son castigadas sin evaluar las razones por las cuales se expresan.

En otros ámbitos, como el privado, también existe castigo por alzar la voz porque eso “no es de señoritas”, o por emplear un lenguaje peyorativo que, en contraste, suele ser más aplaudido en el género masculino.

Esto se observa también en la represión policiaca frente a manifestaciones, mientras que la violencia ejercida por hombres, aunque tipificada desde hace años como feminicidio, continúa reflejando cifras alarmantes.

La asertividad

En general, ser asertivo para quien recibe una negativa o un límite puede resultar incómodo. Los límites que vienen de una mujer, para algunas visiones machistas, suponen una oposición autoritaria, ya que se considera que las mujeres deberían estar sujetas a la autoridad masculina o a lo que otros determinen como correcto.

Ser asertiva, desde una visión libre de machismo, implica saber qué es lo que queremos, qué cosas son inadmisibles en nuestra vida, cuáles son nuestras prioridades y qué situaciones nos generan seguridad. Implica también hablar de nuestras vivencias, necesidades y desacuerdos, así como manifestar nuestra negativa ante peticiones que irrumpen contra nuestros derechos y dignidad.

Decir lo que piensas o negarte a algo que te incomoda no te hace una “mala mujer”, ni significa que “estás loca” o que “eres demasiado sensible”. Al contrario, decir “no”, irte de una relación o de un lugar donde no se validan tus emociones y opiniones es una forma de cuidado personal.

Sabemos que puede ser un reto. Sin embargo, en un contexto donde las autoridades muchas veces no actúan con eficacia, poner límites, acercarte a amigos o familiares que te apoyen y buscar ayuda profesional puede marcar la diferencia.

En la Asociación Mexicana de Psicología y Desarrollo Comunitario contamos con psicólogos con formación en perspectiva de género y con intervenciones éticas que pueden brindarte herramientas para enfrentar estas y otras situaciones.

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