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Cuando el cuerpo duele y la indiferencia también
Vivir con síntomas persistentes y el valor del acompañamiento
Psicóloga Estela Mercado Gómez
Hay personas que viven con síntomas que aparecen, se controlan, pero no desaparecen del todo, y es ahí donde la vida empieza a cambiar. Más allá del diagnóstico, estos síntomas afectan no solo el cuerpo, sino también las emociones, modificando la rutina y llevando en ocasiones al abandono de actividades laborales, sociales y recreativas, afectando la sensación de seguridad personal.
LAS EMOCIONES EN LA TRANSICIÓN DE LOS SÍNTOMAS
El miedo es una de las emociones más frecuentes, especialmente ante la incertidumbre de lo que ocurre, lo que puede llevar al aislamiento y al abandono de la vida cotidiana. A esto se suma la frustración por no encontrar respuestas claras, así como el dolor por las pérdidas en la vida diaria y la disminución de la autonomía. También aparece la incomprensión, tanto del entorno como del sistema de salud, lo que intensifica el malestar emocional.
EL VALOR DEL ACOMPAÑAMIENTO Y LA EMPATÍA
El acompañamiento emocional es fundamental. No siempre se necesitan soluciones, sino presencia, escucha y validación. La empatía implica reconocer la experiencia del otro sin minimizarla. Pequeñas acciones como escuchar, preguntar o simplemente estar pueden marcar una gran diferencia. La indiferencia, por el contrario, puede profundizar el malestar emocional.
VIVIR EL PROCESO CON INCERTIDUMBRE
Atravesar síntomas persistentes implica adaptarse, soltar y reconstruir la vida desde nuevas condiciones. Es válido sentir miedo, frustración y cansancio. Estas emociones no representan debilidad, sino una respuesta humana ante situaciones complejas que requieren ajuste físico y emocional.
REFLEXIÓN FINAL
El proceso no consiste en volver a ser quien se era antes, sino en aprender a vivir desde una nueva realidad con mayor compasión y acompañamiento. Estar presente, escuchar sin juzgar y validar la experiencia del otro puede aliviar profundamente el sufrimiento. Nadie debería atravesar este proceso en soledad.
Psicóloga Estela Mercado Gómez